Tony Soprano e hijos

los sopranoLos Soprano.

The Sopranos es una serie que podríamos definir como inabarcable. Tiene innumerables escenas memorables, diálogos potentes y personajes atractivos que llevan a esta producción a moverse con una soltura y una brillantez pocas veces vistas entre la comedia y el drama.

A continuación repasaremos uno de los aspectos al que quizá le hemos prestado menor atención pero que resulta tan interesante como cualquier otro de los temas que aborda la serie. La suerte que tenemos, y seguramente por lo que la serie es tan brillante y por lo que el personaje protagonista es tan agradecido, es que vemos a un Tony Soprano polifacético. Es decir, no solo vemos a un mafioso llevar sus negocios de mafioso y como se mueve en el mundillo, ya de por sí interesante, sino que la serie nos ofrece también una visión muy íntima de Tony, abordándolo desde varios aspectos de su vida cotidiana.

Y uno de ellos, quizá el más destacable por la novedad que supone, es verlo en la consulta de la doctora Melfy, un entorno donde él empieza tímido e incrédulo a expresar sus emociones pero que acaba necesitando la terapia e incluso acaba desarrollando cierta obsesión por la propia doctora a medida que avanza la serie.

Pero hoy nos vamos a centrar en el Tony más casero, alejado del crimen organizado, donde debe ganarse no solo el respeto sino también el cariño. Hablamos de la relación con sus hijos, ante quienes debe hacerse valer y respetar pero de un modo al que no está nada acostumbrado: debe dejar  de lado la imposición y el ‘aquí mando yo’ y echar mano de la atención y de la paciencia en el trato con sus hijos, especialmente cuando Meadow y Anthony Jr. llegan a la adolescencia.

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En su entorno “de trabajo”, está acostumbrado a ser el jefe y a mandar, a que las cosas se hagan como él dice y sin que nadie le rechiste, por eso lo vemos en algunas escenas descuadrado ante la rebeldía de sus hijos, que en cierta manera le respetan pero que en ningún caso le temen. Todo lo contrario a Paulie, Silvio Dante, Bobby Bacala o Big Pussy, que asienten sin rechistar a todo lo que manda el jefe. Seguramente la excepción sea Christopher Montisanti, que por ser su sobrino se permite con él alguna licencia más.

Esto le comenta Carmela con respecto a la relación con sus empleados y esta es la reacción de Tony:

Sus hijos no le temen como sí que le temen el resto de sus secuaces y como, también en parte, le teme la propia Carmela. Aunque incluso su mujer le acaba perdiendo el miedo y decide separarse de su marido temporalmente, llegando incluso a fantasear con Furio, uno de los matones venidos de Italia.

los sopranoMeadow y Anthony también sufren este proceso con respecto a su padre: le pierden el miedo. En primer lugar Meadow, que al tiempo que se hacerse mayor empieza  a pasar de su padre, de su opinión y de su moral retrógrada. Porque Meadow es liberal, moderna y además es mujer, con lo que no solo despreciará a su padre por sus anticuadas creencias sino también por su imperante machismo, ilustrado en parte en el matrimonio de sus padres y en el papel casi de florero al que se ve relegada su madre en infinitas ocasiones. De hecho, a su madre también la despreciará por esa actitud sumisa y de autodegradación.

Pero aunque Meadow se haga mayor, vaya  a la universidad y le presente novios a su padre, Tony aún tiene esa irrefrenable necesidad de controlar todo lo que sucede a su alrededor.

Por su parte, Anthony Junior se siente alejado de su familia y en concreto de su padre, a medida que avanza hacia la pubertad, de un modo mucho más profundo. Es un crío que, desde bien pequeño, se ha preguntado el porqué de las cosas, y hacerse esa pregunta en un entorno en el que las cosas se hacen de un modo porque es lo correcto, es decir por imposición, no es lo que sus padres esperan de él. Anthony crece y llega un momento en el que la pregunta no es “como se hacen los niños” sino que se adentra en el pensamiento más abstracto y existencialista, algo que sus padres, de primeras no entienden:

Como sus preguntas no van obteniendo respuesta, Junior comienza a sentirse desamparado y confuso entre su familia y también en su entrono de amistades donde raramente consigue encajar. Esto le provocará una depresión al joven que le hará adquirir una actitud de pasotismo total con respecto a los estudios y también magnificar cualquier cosa que le afecte, como algún que otro problema relacionado con mujeres.

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Y es aquí donde Tony cambia su actitud con respecto a sus hijos. Siempre ha respondido a Junior con dureza e imposición, como un padre de familia que quiere ver en su hijo un digno y duro sucesor. Pero la depresión del pequeño de los Soprano, en plena adolescencia, y quizás también el hecho de que Tony haya abierto su horizonte mental debido a las sesiones con la doctora Melfy, cambian la actitud del padre con respecto al hijo y se vuelve algo más comprensible y consejero.

 

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2 pensamientos en “Tony Soprano e hijos

    • Cierto es que Los Soprano presenta personajes imperfectos y alejados de las etiquetas de bondad o maldad. Y también es cierto que Weiner ejerce de guionista en Los Soprano, pero se sumó al equipo en la quinta temporada, ya hacia el final. En cambio, sí que es el máximo responsable de Mad Men, y aunque no llega a la excelencia de la serie de HBO, consigue crear una gran atmósfera y personajes profundos.

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